Ya la semana pasada hemos empezado nuestro viaje en el tiempo conociendo uno de los viajeros de la historia, Ernesto Guevara. Esta vez iremos todavía atrás hasta el siglo XIIIº, hasta los tiempos de Marco Polo.
Marco Polo, mercader y explorador veneciano, vivió entre el 1254 y el 1324 y fue sin dudas uno de los viajeros que más contribuyeron al sentido de esta misma palabra. Marco Polo viajó e hizo viajar con la fantasía los lectores del diario de viaje “El Milión“ (Los viajes de Marco Polo) que dictó a Rustichello de Pisa. El título del libro fue debido al hecho que Marco Polo encontró “millones de personas” en su viaje.

Nacidos como viaje de negocios, los viajes de Marco Polo se cambiaron en verdaderas aventuras, que permitieron el conocimiento del mundo oriental. La sangre del viajero corría por las venas de Marco Polo, marcada en sus genes. En la familia Polo había otros dos grandes viajeros: Mateo y Nicolás Polo (tio y padre de Marco), que le acompañaron en su viaje hacía el Imperio Mongol de Kublai Khan (de la dinastía de Genghis Khan).
El viaje de Marco Polo, en el 1271, fue para enviar la respuesta del Papa a la petición de Kublai Khan de gente ilustrada que enseñase en su imperio. Marco Polo volvió de su viaje a China en 1295, 24 años después su salida de Venecia.
Marco Polo nunca fue turista, más bien viajero, captando el pensamiento oriental y sus tradiciones con el fin de traerlos algún día a Occidente.
Marco Polo vivió dieciséis años en China, participando como embajador en los militares del Emperador contra Japón, e Indonesia, fue traductor e instructor en la corte, comerciante y ambicioso hombre de negocios. Gracias a su actitud, Marco Polo fue nombrado Gobernador del Imperio Mongol y enviado al Tibet, a la India, procurando grandes logros políticos y económicos en una época de obscurantismo.
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